Hola Ana María,
gracias por compartir tu historia con tanta honestidad y profundidad. Tu recorrido personal y profesional refleja un compromiso genuino con la ética, la educación y la transformación social, no desde la teoría, sino desde la experiencia vivida.
Me impactó especialmente tu trabajo en la CNDH y el esfuerzo por traducir conceptos complejos —como los derechos humanos— a un lenguaje accesible para la sociedad. Ahí encuentro una conexión muy clara con la filosofía y la ontología: hacer comprensible lo esencial y llevar la reflexión al terreno de la vida cotidiana, especialmente en contextos marcados por la corrupción y la desigualdad.
El relato de tu investigación en Tlaxcala es profundamente revelador. Evidencia cómo la falta de bases educativas sólidas limita el horizonte de posibilidades desde edades muy tempranas. El hecho de que el teatro guiñol haya logrado generar conexión donde otros métodos no funcionaron muestra que el aprendizaje ocurre no solo desde lo cognitivo, sino también desde la emoción, el vínculo y el sentido.
Tu reflexión me inspiró personalmente a reforzar las bases de un proyecto educativo que desarrollo actualmente, enfocado en liderazgo, con la intención de aportar —desde mi propia trinchera— a suplir algunas de las carencias que existen en el sistema educativo en México, particularmente en la formación del liderazgo consciente, ético y humano. Coincido contigo en que sin una base sólida difícilmente se puede desplegar el gran potencial que tenemos como sociedad.
La metáfora del “grano de mostaza” resume muy bien este camino: contribuciones pequeñas, constantes y con sentido, que quizá no veamos florecer del todo, pero que siembran posibilidades reales de cambio. Gracias por tu aportación, que sin duda enriquece este espacio y nos recuerda que pensar, reflexionar y cuestionar la realidad también es una forma profunda de acción.
gracias por compartir tu historia con tanta honestidad y profundidad. Tu recorrido personal y profesional refleja un compromiso genuino con la ética, la educación y la transformación social, no desde la teoría, sino desde la experiencia vivida.
Me impactó especialmente tu trabajo en la CNDH y el esfuerzo por traducir conceptos complejos —como los derechos humanos— a un lenguaje accesible para la sociedad. Ahí encuentro una conexión muy clara con la filosofía y la ontología: hacer comprensible lo esencial y llevar la reflexión al terreno de la vida cotidiana, especialmente en contextos marcados por la corrupción y la desigualdad.
El relato de tu investigación en Tlaxcala es profundamente revelador. Evidencia cómo la falta de bases educativas sólidas limita el horizonte de posibilidades desde edades muy tempranas. El hecho de que el teatro guiñol haya logrado generar conexión donde otros métodos no funcionaron muestra que el aprendizaje ocurre no solo desde lo cognitivo, sino también desde la emoción, el vínculo y el sentido.
Tu reflexión me inspiró personalmente a reforzar las bases de un proyecto educativo que desarrollo actualmente, enfocado en liderazgo, con la intención de aportar —desde mi propia trinchera— a suplir algunas de las carencias que existen en el sistema educativo en México, particularmente en la formación del liderazgo consciente, ético y humano. Coincido contigo en que sin una base sólida difícilmente se puede desplegar el gran potencial que tenemos como sociedad.
La metáfora del “grano de mostaza” resume muy bien este camino: contribuciones pequeñas, constantes y con sentido, que quizá no veamos florecer del todo, pero que siembran posibilidades reales de cambio. Gracias por tu aportación, que sin duda enriquece este espacio y nos recuerda que pensar, reflexionar y cuestionar la realidad también es una forma profunda de acción.