La verdad me gustó mucho tu reflexión, se siente muy clara y muy humana. Coincido contigo en que no basta con tener la misión, visión y valores escritos; RRHH puede dar la inducción, pero al final somos los líderes quienes los vamos encarnando en el día a día, en cómo decidimos, cómo ponemos límites y cómo acompañamos a nuestro equipo.
También me gustó que antes de juzgar al colaborador te detienes a ver su contexto, sin quitarle responsabilidad. Eso, para mí, es clave en un liderazgo ético y humano. Y la metáfora del Kintsugi me encantó: justo así veo los equipos, no como algo “perfecto”, sino como algo que puede repararse y salir más consciente después de una crisis.
Yo sólo sumaría la importancia de dar seguimiento después del “control de daños”: pequeños espacios para volver a hablar de valores, emociones y acuerdos. Siento que eso ayuda a que la reparación no se quede en un solo momento, sino que se convierta en parte de la cultura que queremos construir.
También me gustó que antes de juzgar al colaborador te detienes a ver su contexto, sin quitarle responsabilidad. Eso, para mí, es clave en un liderazgo ético y humano. Y la metáfora del Kintsugi me encantó: justo así veo los equipos, no como algo “perfecto”, sino como algo que puede repararse y salir más consciente después de una crisis.
Yo sólo sumaría la importancia de dar seguimiento después del “control de daños”: pequeños espacios para volver a hablar de valores, emociones y acuerdos. Siento que eso ayuda a que la reparación no se quede en un solo momento, sino que se convierta en parte de la cultura que queremos construir.