Las empresas que no evalúan ni ajustan sus estrategias en tiempo real enfrentan riesgos críticos para su supervivencia.
Primero, pueden quedar rezagadas frente a nuevas tecnologías, cambios en el mercado o innovaciones que sus competidores sí aprovechan. Sin monitoreo constante, una empresa puede perder participación sin darse cuenta, porque no observa sus ventas, la satisfacción de sus clientes ni los movimientos de la competencia.
Segundo, la falta de indicadores claros abre la puerta a decisiones impulsivas o basadas en la intuición del líder, algo extremadamente común en México. En lugar de tomar decisiones fundamentadas en datos, muchos gerentes proyectan su estrés o inseguridades en los equipos. Un ejemplo que viví de cerca ocurrió en la empresa donde trabajaba mi pareja hace unos años: su “capacitación” consistió en acompañar a una compañera por unos días y, de inmediato, comenzar a recibir tareas completamente nuevas. Cuando pedía claridad, las respuestas eran ambiguas o incluso poco amables. La dueña del despacho llegó a decirles literalmente que su trabajo era “leerle el pensamiento”. Es decir, que ella asignaba tareas sin especificaciones y el equipo debía adivinar cómo las quería. Este tipo de cultura empresarial no solo es disfuncional, es peligrosa porque produce burnout y alto estrés emocional, que incluso puede traumatizar a personas vulnerables. Y demuestra la gran deficiencia de los dueños, pues realmente también es más costoso e ineficiente para ellos.
Tercero, la ausencia de procesos y KPIs afecta directamente la retención y atracción de talento. Las personas con mayor potencial buscan ambientes profesionales donde haya estructura, claridad y posibilidades de crecimiento. En contraste, la mayoría de las empresas mexicanas operan al borde del caos, lo que contribuye a que casi el 100% de los nuevos negocios quiebren en sus primeros cinco años. Por esto, los egresados de las mejores universidades se mudan al extranjero, o buscan trabajar a distancia. Y en su defecto, se aglomeran en los grupos empresariales más grandes, del tipo de Grupo Salinas y Grupo Carso. Mientras tanto, las demás apenas sobreviven con el talento menos preparado, pues los que no tienen el conocimiento ni las habilidades para establecer una empresa formal son los mismos dueños.
Por lo tanto, la implementación de un sistema de monitoreo de KPIs no es nada más una práctica recomendada, es básico para la supervivencia. Estos sistemas permiten decisiones oportunas, basadas en evidencia, reducen el desgaste emocional en la organización y crean una cultura donde la claridad sustituye a la intuición y la improvisación. Para tener un negocio exitoso medir no es opcional: es la diferencia entre avanzar y desaparecer.