1. Diagnóstico inicial: comprender el sistema antes que las áreas
El caso describe síntomas comunes en organizaciones que operan como sistemas fragmentados:
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Ineficiencia operativa
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Duplicidad de funciones
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Baja productividad
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Desarticulación entre áreas
Sin embargo, estos síntomas no se originan en procesos aislados, sino en interacciones deficientes entre nodos críticos del sistema: personas, flujos, decisiones, información y capacidades.
Por ello, el diagnóstico no debe centrarse únicamente en organigramas o funciones, sino en cómo el sistema se coordina, dónde se rompe la coherencia y qué tensiones generan variabilidad operativa.
Las herramientas clave para esta fase incluyen:
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Mapa del sistema: actores, flujos, dependencias y puntos de fricción.
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Ciclos de retroalimentación (feedback loops): dónde se amplifica el retrabajo.
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“Work as imagined vs. work as done”: brechas entre diseño y operación real.
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Capacidad instalada vs. demanda real: tensiones que disparan duplicidades.
Un problema complejo no se resuelve optimizando partes, sino entendiendo cómo se relacionan entre sí.
2. Marco de análisis: integrar estrategia, estructura y dinámica organizacional
En lugar de frameworks tradicionales aislados, se utiliza un marco sistémico-ejecutivo que integra modelos de consultoría de alto impacto:
a) Modelo McKinsey 7S
Permite ver la alineación (o falta de ella) entre:
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Strategy
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Structure
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Systems
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Skills
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Staff
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Style
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Shared Values
Así se identifica si la estructura y los procesos sirven a la estrategia o la obstaculizan.
b) Arquitectura organizacional basada en Value Streams
Analizar los flujos de valor revela:
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dónde se detiene el trabajo,
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qué pasos no agregan valor,
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qué funciones operan en silos,
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y qué decisiones generan cuello de botella.
c) Pensamiento sistémico y capacidades dinámicas
Este enfoque ayuda a comprender:
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cómo responde la organización al cambio,
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qué capacidades emergen o se bloquean,
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y cómo diseñar una arquitectura más adaptable, flexible y autoajustable.
3. Propuesta metodológica: diseño estructural adaptable (mínimo viable)
La metodología propuesta combina rigor técnico con adaptabilidad real:
Fase 1. Exploración del sistema
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Mapeo de actores, tensiones y relaciones.
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Identificación de nodos críticos, duplicidades y flujos interdependientes.
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Detección de variabilidad operativa y sus causas raíz.
Fase 2. Diagnóstico profundo de procesos y decisiones
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Mapeo de procesos transversales (no por área).
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Análisis de decisiones clave: quién decide, cuándo y con qué información.
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Identificación de loops de retrabajo y demoras estructurales.
Fase 3. Diseño de una Estructura Mínima Viable (EMV)
Este concepto, tomado del diseño organizacional moderno, propone:
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simplificar antes de rediseñar,
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clarificar roles antes de contratar,
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coordinar antes de automatizar.
Para ello:
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Se redefinen macroprocesos y responsabilidades clave.
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Se delinea una estructura más simple y orientada a flujos de trabajo.
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Se eliminan nodos duplicados y zonas grises.
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Se crean mecanismos de coordinación formal (rituales, tableros visuales, acuerdos operativos).
Fase 4. Implementación en olas (Agile Org Design)
En lugar de un cambio masivo, se implementa por ciclos cortos:
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Ola 1: validar nuevas responsabilidades y flujos.
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Ola 2: ajustar cargas de trabajo, KPIs y roles emergentes.
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Ola 3: integrar herramientas digitales, automatizaciones y gobernanza.
Este enfoque reduce resistencia y permite corregir rápido.
Fase 5. Gestión del cambio y acompañamiento
Incluye:
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narrativa del cambio,
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habilitación de líderes,
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resolución de tensiones,
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retroalimentación constante,
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y soporte operativo durante la transición.
4. Evaluación de impacto: medir coherencia, velocidad y claridad
La evaluación va más allá de medir productividad.
Un rediseño estructural debe responder a tres preguntas clave:
1. ¿El sistema es más coherente? (Coherency Index)
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Claridad de roles
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Alineación estrategia–estructura
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Reducción de conflictos interáreas
2. ¿El trabajo fluye más rápido? (Flow Performance)
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“Time to decision”
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Retrabajos reducidos
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Tiempos ciclo de procesos clave
3. ¿Las personas pueden ejecutar mejor? (Load & Ownership)
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Nivel de carga de trabajo equilibrada
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Propiedad clara del proceso
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Disminución de dependencias críticas
Con mediciones a 3, 6 y 12 meses, se garantiza estabilidad y aprendizaje.
Conclusión
Una reestructuración efectiva no consiste en mover cajas dentro de un organigrama.
Consiste en reconstruir la lógica del sistema, mejorar la calidad de las interacciones, clarificar responsabilidades y permitir que el trabajo fluya con menor fricción.
Al aplicar pensamiento sistémico y diseño adaptable, las organizaciones pueden:
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recuperar coherencia,
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acelerar resultados,
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reducir desgaste,
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y crear capacidad interna de mejora continua.
Este enfoque no solo resuelve el problema actual, sino que fortalece la organización para enfrentar los desafíos futuros con mayor flexibilidad y claridad.