Delmira, tu análisis me parece muy claro y coincido plenamente en que la falta de medición en tiempo real genera una especie de “ceguera estratégica” que puede ser fatal en entornos digitales. Algo que me gustaría complementar desde mi experiencia es que, además de los riesgos operativos y financieros que mencionas, existe un impacto humano profundo cuando una empresa no evalúa ni ajusta sus estrategias.
En México es común que, al no existir KPIs ni procesos estructurados, los líderes terminen tomando decisiones basadas en intuiciones, presiones momentáneas o incluso en su estado emocional. Esto no solo afecta la eficiencia: también crea culturas laborales donde existe incertidumbre constante, roles ambiguos y alta frustración. Cuando no se mide, no solo fallan las estrategias: fallan las expectativas, la comunicación y la claridad que las personas necesitan para trabajar bien. Esto puede tener un impacto psicológico dañino en las personas. Y por eso mismo, también existe mucha fuga de talento a países con mejor cultura empresarial.
Por eso coincido contigo en que un sistema de monitoreo de KPIs no solo facilita decisiones oportunas, sino que también ordena el entorno interno. Los datos le quitan peso a las interpretaciones subjetivas, reducen la improvisación y permiten conversaciones más objetivas sobre problemas y oportunidades. Al final, medir también protege al equipo, porque aporta estabilidad y evita ciclos de estrés innecesario.
Me gustó mucho tu cierre sobre cómo los KPIs transforman la manera de pensar de la organización. Yo también creo que medir no es solo un acto técnico: es un acto cultural. Es pasar de reaccionar a dirigir, de operar a ciegas a operar con conciencia. Y en mercados tan cambiantes, esa diferencia es lo que define quién crece y quién desaparece.
En México es común que, al no existir KPIs ni procesos estructurados, los líderes terminen tomando decisiones basadas en intuiciones, presiones momentáneas o incluso en su estado emocional. Esto no solo afecta la eficiencia: también crea culturas laborales donde existe incertidumbre constante, roles ambiguos y alta frustración. Cuando no se mide, no solo fallan las estrategias: fallan las expectativas, la comunicación y la claridad que las personas necesitan para trabajar bien. Esto puede tener un impacto psicológico dañino en las personas. Y por eso mismo, también existe mucha fuga de talento a países con mejor cultura empresarial.
Por eso coincido contigo en que un sistema de monitoreo de KPIs no solo facilita decisiones oportunas, sino que también ordena el entorno interno. Los datos le quitan peso a las interpretaciones subjetivas, reducen la improvisación y permiten conversaciones más objetivas sobre problemas y oportunidades. Al final, medir también protege al equipo, porque aporta estabilidad y evita ciclos de estrés innecesario.
Me gustó mucho tu cierre sobre cómo los KPIs transforman la manera de pensar de la organización. Yo también creo que medir no es solo un acto técnico: es un acto cultural. Es pasar de reaccionar a dirigir, de operar a ciegas a operar con conciencia. Y en mercados tan cambiantes, esa diferencia es lo que define quién crece y quién desaparece.