En el caso del EcoResort Bahía Verde S.A. de C.V., se identificó una situación que me pareció bastante interesante desde el punto de vista organizacional: existe una brecha entre lo que la empresa comunica sobre sostenibilidad y lo que realmente se lleva a cabo en la operación diaria.
Aunque la organización promueve una imagen alineada con prácticas sustentables, en la práctica hay inconsistencias que parecen estar relacionadas con factores como la falta de capacitación, problemas en la comunicación interna y una cultura organizacional que aún no está completamente alineada con estos objetivos.
A partir de esta situación, considero que el enfoque más adecuado para abordar el problema es el enfoque mixto. Desde mi perspectiva, esto se debe a que no basta con medir qué tanto se están cumpliendo las prácticas sostenibles, sino que también es necesario entender por qué no se están implementando correctamente.
Una de las principales ventajas de este enfoque es que permite tener una visión más completa del problema, ya que combina datos cuantitativos (como niveles de cumplimiento o percepción) con información cualitativa que ayuda a entender las experiencias y opiniones del personal (Creswell & Plano Clark, 2017).
Además, otra ventaja importante es que aumenta la validez de los resultados, porque al integrar diferentes fuentes de información se pueden contrastar los hallazgos y tener mayor certeza sobre lo que realmente está ocurriendo dentro de la organización (Creswell & Creswell, 2018).
Sin embargo, también considero que una desventaja del enfoque mixto es que implica una mayor complejidad en su aplicación, ya que requiere más tiempo, recursos y una adecuada integración de ambos tipos de datos para que el análisis sea coherente (Denzin & Lincoln, 2018).
En lo personal, creo que este tipo de enfoque es especialmente útil en problemas organizacionales como este, donde no solo importan los números, sino también las personas, sus percepciones y la forma en que viven la realidad dentro de la empresa.