En una empresa en la que trabajé, se empezó a notar que había diferencias muy marcadas entre áreas, en unas áreas se presentaba estabilidad y buenos resultados, mientras que en otras había rotación, quejas constantes y problemas con los supervisores. El reto era que todo esto se percibía de forma muy subjetiva, es decir, había comentarios, quejas y rumores, pero no había datos claros que permitieran entender qué estaba pasando realmente ni tomar decisiones con base en evidencia.
Para atender esta situación, se decidió implementar un cuestionario interno de clima laboral llamado Happiness Index. Este se aplicaba cada dos meses al personal operativo y consistía en una serie de preguntas con escala de 1 a 5, lo que permitía medir de forma cuantitativa aspectos como ambiente laboral, liderazgo, comunicación y satisfacción general. Además, los resultados se analizaban por área y por supervisor, lo que ayudaba a identificar focos rojos de manera más puntual. Se realizaban los análisis estadísticos obteniendo las medias de cada factor para determinar los resultados, y así se comparaban las medias entre áreas.
En este caso, se consideró que el enfoque más adecuado es el cuantitativo, ya que la prioridad era medir y comparar resultados entre equipos y en distintos momentos del tiempo. Una ventaja es que permite tener información clara y objetiva para detectar áreas con problemas. Otra ventaja es que facilita el seguimiento, porque al aplicarse de forma periódica se pueden ver mejoras o retrocesos.
Como desventaja, este enfoque no permite entender completamente las causas detrás de los resultados, ya que no profundiza en la experiencia de las personas.
Por eso, aunque el Happiness Index fue una buena herramienta para empezar a ordenar la información, también deja claro que en algunos casos sería necesario complementar con un enfoque cualitativo para entender mejor lo que está pasando en cada área.