En la organización donde laboraba existía una política corporativa que establecía las normas, políticas y procedimientos a seguir para la autoevaluación de la efectividad de los controles establecidos para mitigar los riesgos residuales de todos los procesos críticos de las diversas áreas que la conformaban.
Los procesos críticos se consideraban aquellos que representaban mayor riesgo de pérdidas económicas para la organización.
Muy acertadamente, el método de autoevaluación establecido en esa política tenía su base en la investigación cuantitativa, que entre otros elementos, consideraba periodos de medición cuatrimestrales, métodos de muestreo adecuados al tipo y cantidad de información a evaluar en cada periodo, posibilidad y pertinencia de generalización de resultados, método estructurado replicable cuatrimestralmente y una estructura de proceso pertinente e independiente para mantener el debido control y objetividad en cada autoevaluación.
Este proceso de autoevaluación de riesgos y controles también permitía al evaluador (investigador) observar el resultado de los procesos Business as Usual (BAU), explicar las causas de las ineficiencias encontradas, predecir pérdidas económicas para la organización y mejorar el control de los procesos críticos.
La gran desventaja que le veo a la sola utilización de este método es que ignoraba por completo el factor humano como parte fundamental de cualquier proceso organizacional. Este método no reflejaba la perspectiva de la experiencia humana dentro de los procesos BAU, los resultados no efectivos ignoraban la experiencia de los operadores de los procesos, que desde mi perspectiva constituyen el alma de cualquier proceso vital. Los datos fríos solamente arrojaban números positivos o negativos que carecían de la verdadera causa raíz de las insuficiencias o suficiencias descubiertas, pues son las personas las que llevan a cabo los procesos y manipulan los objetos.
De hecho, una calificación no efectiva en el proceso de autoevaluación de una de las áreas de la organización, reveló causas raíz derivadas de procesos humanos (liderazgo, clima organizacional, comunicación, estilos de relación, entre otros) que afectaban el sano flujo de los procesos de dicha área, lo cual da pie para incorporar un enfoque mixto a la política corporativa en cuestión.