Desafortunadamente, las empresas que no ajustan sus estrategias en tiempo real, corren el riesgo de sufrir una obsolescencia operativa acelerada. Sobre todo en entornos digitales, donde las preferencias del consumidor y los algoritmos de competencia cambian en cuestión de días; ignorar estas señales puede derivar en una pérdida de relevancia, erosión de los márgenes de utilidad (por costos logísticos mal gestionados) y una fuga de clientes hacia competidores más ágiles. Sin una evaluación constante, se entendería que la dirección actúa sobre estrategias previamente establecidas por supuestos del pasado, pero no por lo que suceda día a día, lo que podría implicar, incluso, agotamiento de recursos en tácticas que ya no generan retorno de inversión.
La aplicación de un sistema de monitoreo basado en KPIs (como el Balanced Scorecard que estudiamos en la unidad) podría actuar como el sistema nervioso de la organización, a través del cual no sólo se detecten riesgos o fallas sino que también facilite información valiosa para la toma de decisiones, replanteamiento y actualización de las estrategias organizacionales.