Si una empresa no revisa ni ajusta su estrategia a tiempo, corre el riesgo de desconectarse de lo que realmente necesitan sus clientes. Esto puede provocar pérdidas de clientes, baja en ventas y aumento de costos sin darse cuenta.
Además, las decisiones se vuelven tardías y poco efectivas. Tener KPIs permite ver que está funcionando y qué no, casi en tiempo real. Así, se pueden hacer ajustes más rápidos y tomar mejores decisiones antes de que el problema crezca.