Miguel Ángel, tu caso me parece uno de los más completos del foro porque parte de una situación real con datos concretos que anclan el argumento metodológico a la realidad operativa. Coincido plenamente en que el enfoque mixto es el más adecuado para un diagnóstico de esta naturaleza: cuando una organización enfrenta simultáneamente un problema de seguridad medible; frecuencia de accidentes, tasas de rotación, y uno de percepción; clima laboral, liderazgo, confianza, ninguno de los dos enfoques por separado da cuenta completa del fenómeno. Como señala Creswell & Plano Clark (2018), la fortaleza del diseño mixto reside precisamente en que los resultados de un método pueden expandir o explicar los del otro.
Sin embargo, me gustaría añadir un matiz a la limitación que identificas. Señalas que el enfoque mixto demanda alta inversión de recursos y tiempo, lo cual es cierto, pero en un contexto como el tuyo (unidad minera que opera tres turnos con 369 empleados y presión activa de producción), la limitación más crítica no es solo el costo, sino el riesgo de sesgo de deseabilidad social en la fase cualitativa: cuando los trabajadores saben que la empresa patrocina el diagnóstico, tienden a moderar sus respuestas en entrevistas y grupos focales, especialmente en temas sensibles como accidentes o fallas de liderazgo. Esto puede comprometer precisamente la confiabilidad que la triangulación busca garantizar (Hernández-Sampieri et al., 2014). Una estrategia para mitigarlo sería garantizar la anonimidad de los instrumentos cualitativos o involucrar a un consultor externo en esa fase de levantamiento.
En síntesis, tu elección metodológica es la correcta. El reto está en el diseño de campo, no en el enfoque.
Sin embargo, me gustaría añadir un matiz a la limitación que identificas. Señalas que el enfoque mixto demanda alta inversión de recursos y tiempo, lo cual es cierto, pero en un contexto como el tuyo (unidad minera que opera tres turnos con 369 empleados y presión activa de producción), la limitación más crítica no es solo el costo, sino el riesgo de sesgo de deseabilidad social en la fase cualitativa: cuando los trabajadores saben que la empresa patrocina el diagnóstico, tienden a moderar sus respuestas en entrevistas y grupos focales, especialmente en temas sensibles como accidentes o fallas de liderazgo. Esto puede comprometer precisamente la confiabilidad que la triangulación busca garantizar (Hernández-Sampieri et al., 2014). Una estrategia para mitigarlo sería garantizar la anonimidad de los instrumentos cualitativos o involucrar a un consultor externo en esa fase de levantamiento.
En síntesis, tu elección metodológica es la correcta. El reto está en el diseño de campo, no en el enfoque.